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Buen@s pacientes

Hace poco, una madre en un foro me enviaba una imagen de Instagram, de una consulta de pediatría famosa por su uso de las redes sociales. 

Habían iniciado una campaña: “Cómo ser buen paciente”. La imagen está aquí: https://www.instagram.com/p/CF_eA05odtA/

 

 Son sólo dos frases de Gregorio Marañón:

“Obedecer es siempre empezar a curarse”

“Un médico modesto al que se sigue con fe es mucho más útil que un  gran profesor al que se discute”

 

De aquí podemos deducir que l@s buen@s pacientes obedecen, si es que quieren empezar a curarse, y además siguen con fe a los médicos modestos, sin discutir.

Vaya por delante mi admiración a Don Gregorio, médico humanista donde los haya, y creador de las dos famosas frases. Sin embargo, no podemos olvidar que nos encontramos en el siglo XXI, dos siglos después de aquel que vio nacer a Don Gregorio… y que las cosas han cambiado “un poquito”.

 

Alguien me decía que, al ser pediatras los que habían puesto la imagen, igual se referían a sus pacientes… ya se sabe, las criaturas tienen que obedecer… ¿o no?

Pues qué quieren que les diga,  yo como madre, prefiero que mi hijo ENTIENDA por qué le dejo hacer unas cosas y otras no, y que DECIDA conmigo qué consecuencias puede tener el hacer algo que no se permite en casa (en mi casa las normas son para todas las personas, pequeñas y mayores).

Así las cosas con las personas pequeñas, así también las entiendo como médica con las personas mayores. 

Yo no quiero que ninguna persona me OBEDEZCA, y desde luego me horrorizaría que nadie me SIGUIERA CON FE. 

Yo aspiro a que mis pacientes y usuarias confíen en mí para que les explique sus procesos de salud y enfermedad. 

Me honra que me elijan para acompañarles en esos procesos con mi ciencia, y allí donde la ciencia falla, con mi persona y mi empatía. 

Me alegra poder explicar en palabras sencillas lo que yo creo que les pasa y cómo creo que podrían mejorar, y en general, cuando lo comprenden bien, esas personas se convierten en sus propios agentes de salud (que, desde mi punto de vista, es lo que tiene que ser).

Me temo que hay mucha medicina patriarcal y, como yo digo, mucho “despotismo ilustrado médico”. 

En el despotismo ilustrado la premisa era “Todo por el pueblo, pero sin el pueblo”, un pueblo al que se consideraba demasiado ignorante para saber qué le convenía. 

La frase originaria es «Tout pour le peuple, rien par le peuple» (en español, «Todo para el pueblo, nada (hecho) por el pueblo».

Su uso se extiende desde finales del siglo XVIII como lema del despotismo ilustrado, caracterizado por el paternalismo, en oposición a la opinión extendida desde los enciclopedistas que veía necesario el protagonismo y la intervención del pueblo en los asuntos políticos, incluso asignándole el papel de sujeto de la soberanía (principio de soberanía popular de Rousseau).

 Supuestamente, en una democracia, es el pueblo el que, soberano, elige a sus representantes para que hagan aquello que les han prometido hacer (estaría bien que así fuera, y aquí vendría una discusión sobre si vivimos en una democracia real  o no, sin embargo, voy a usar el recurso de Ende: Ésa es una larga historia que deberá ser contada en otra ocasión).

 

En lo que yo llamo “despotismo ilustrado médico”, podríamos decir que todo se hace “por el/la paciente”, pero, por favor, SIN injerencia de ningún tipo por parte de esa persona, ya sea infante o adulta, que para eso ya está el profesional sanitario (médic@, enfermera, matrona, farmacéutic@…), que es “quien sabe”.

 

Es esta idea del “despotismo ilustrado médico” la que da lugar a situaciones tan ridículas (si no fuera por el daño que provocan en usuarios y usuarias) como que una mujer que está pariendo en su casa es llevada al hospital por la policía, porque un profesional sanitario ha decidido que dicha mujer no está capacitada para decidir por sí misma dónde puede o no parir. (https://www.eldiario.es/sociedad/obligada-ingresar-tribunales-decision-hospital_1_2728164.html)

 

Es ésta idea del “despotismo ilustrado médico” la que ha provocado una “expropiación de la salud”, como dicen Juan Gérvas y Mercédes Fernández. 

En su libro así titulado, ellosdesvelan la dinámica de poder que nos convierte, a los ciudadanos, en dependientes de una medicina que ha olvidado el sentido común, una medicina ultra protocolizada, arrogante e inhumana.

Una medicina que por desgracia, en muchas ocasiones da lugar a una práctica basada en un uso compulsivo de la tecnología, sin pararse a valorar si los procedimientos que utiliza son pertinentes en ese caso concreto. Una medicina que a veces ha olvidado su precepto principal, “Primum, non nocere”, lo primero, no hacer daño.

 

El ejercicio de una práctica clínica armoniosa, humana, que considere la singularidad del paciente ,ha sido arrollada por el empleo de protocolos de prevención, diagnóstico y tratamientos, en una espiral de intervencionismo sin límite que daña y no deja espacio para la salud ni para la posibilidad del autocuidado.

 En cierto sentido, los profesionales sanitarios en general, y los médicos y médicas en particular, a menudo nos hemos convertido en ejecutores de la expropiación de la salud de los ciudadanos al someternos al poder financiero (y también político) que determina “científicamente” cosas como que hay que vacunarse de la gripe, tomar antidepresivos si se está triste o hacerse citologías anuales. ¿Y no “hay que hacer” todo eso? Pues la respuesta es NO. Cada decisión médica tiene efectos, unos positivos, otros neutros y otros negativos, y nuestro trabajo como profesionales sanitarios es conocer todos esos efectos, comentarlos con nuestros usuarios y usuarias, y decidir JUNTOS qué es lo mejor para esa persona concreta, en su situación concreta.

 Yo, como médica, lo único que puedo hacer es resistirme a ser esa ejecutora, devolver a las personas que me consultan ese protagonismo que nunca debieron perder, darles herramientas para el verdadero autocuidado, más allá de fármacos o pruebas invasivas, muchas veces innecesarias. 

Yo como médica, no quiero que tú, mi paciente, me obedezcas. Quiero que busquemos juntos la manera de vivir tu proceso vital de la manera más saludable posible, teniendo en cuenta tus circunstancias, tus creencias y tu sentido de la espiritualidad…

 Y qué queréis que os diga, poder vivir eso en el día a día con personas que confían en mí tanto su salud como la de sus hijos e hijas… me parece la profesión más bonita del mundo.

 

 

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